-¡Hija mía!- Madre entra con su precioso traje azul y con su preciosa concha agarrando su pelo. La contemplo desde la cama. Me levanto, corremos y nos fundimos en un fuerte abrazo.
-¡Madre!, ¿Que tal estan los demás? ¿Que haceis? ¿Por qué no venís a verme?- Pregunto entusiasmada. Estoy tan contenta de verla...
-Tranquilízate, te contaré todo, pero siéntate y las preguntas una a una, cariño- Siempre me llama cariño, madre agua siempre es cariñosa conmigo. Al final de su traje azul marino puedo contemplar el blanco de la espuma, soltando pequeños rayos de luz. Se llaman Náyades, y son pequeñas ninfas de las aguas que siempre protegen a mi madre. Son juguetonas conmigo y mi hermano, dice madre que son porque somos los elegidos, pero con los humanos de verdad, son bastante quisquillosas. Madre las adora, son sus pequeñas guardianas, ella les da cobijo y ellas se lo pagan con su amor.
- Cariño, estás en las nubes- me dice madre. - ¿Qué?- Le respondo confundida. - ¿En que piensas?- Mientras me pregunta me coge y me sube en sus rodillas, como hacía cuando yo aún era una cría. - En todo y en nada- Respondo. - Jajajjaja ¿En todo y en nada? ¿Desde cuando hablas así?- Se ríe contemplándome- Has crecido, pequeña. Fuego, Aire y Tierra estarán contentos de que nuestra pequeña haya madurado. Creo que ya estás lista. -La miro confusa, ¿Lista para que? Pero ya no está, ha desaparecido, su traje, las Náyades... No queda si no un charco de agua que deja cada vez que pasa por algún sitio.
-¡Madre!, ¿Que tal estan los demás? ¿Que haceis? ¿Por qué no venís a verme?- Pregunto entusiasmada. Estoy tan contenta de verla...
-Tranquilízate, te contaré todo, pero siéntate y las preguntas una a una, cariño- Siempre me llama cariño, madre agua siempre es cariñosa conmigo. Al final de su traje azul marino puedo contemplar el blanco de la espuma, soltando pequeños rayos de luz. Se llaman Náyades, y son pequeñas ninfas de las aguas que siempre protegen a mi madre. Son juguetonas conmigo y mi hermano, dice madre que son porque somos los elegidos, pero con los humanos de verdad, son bastante quisquillosas. Madre las adora, son sus pequeñas guardianas, ella les da cobijo y ellas se lo pagan con su amor.
- Cariño, estás en las nubes- me dice madre. - ¿Qué?- Le respondo confundida. - ¿En que piensas?- Mientras me pregunta me coge y me sube en sus rodillas, como hacía cuando yo aún era una cría. - En todo y en nada- Respondo. - Jajajjaja ¿En todo y en nada? ¿Desde cuando hablas así?- Se ríe contemplándome- Has crecido, pequeña. Fuego, Aire y Tierra estarán contentos de que nuestra pequeña haya madurado. Creo que ya estás lista. -La miro confusa, ¿Lista para que? Pero ya no está, ha desaparecido, su traje, las Náyades... No queda si no un charco de agua que deja cada vez que pasa por algún sitio.